El reto de vencer la resistencia a los antibióticos desde tres universidades colombianas

Un grupo interinstitucional de docentes de las universidades de Manizales, Caldas y Católica desarrollan investigaciones para analizar la resistencia antimicrobiana en seres humanos, animales y producción animal.

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en un comunicado de prensa del 2017, alertó sobre “una grave carencia de nuevos antibióticos en fase de desarrollo para combatir la creciente amenaza de la resistencia a los antimicrobianos”. Una situación que se ha mantenido en silencio, y cuyas previsibles consecuencias afectarán la salud de millones de personas y animales.

El desarrollo de los antibióticos marcó un antes y un después en la medicina; los médicos por fin tuvieron herramientas para atacar enfermedades como la tuberculosis o infecciones que aparecían luego de cirugías. Pero el uso indiscriminado, por ejemplo para tratar una gripa (debida a virus, no a bacterias) y la utilización masiva en la producción de vegetales, frutas y animales, ha ocasionado que la vida busque otros caminos y que estos microorganismos encuentren fórmulas para resistir los embates antimicrobianos.

Por esto, el Grupo de Resistencia Antibiótica de Manizales (GRAM), un esfuerzo interinstitucional liderado por un docente de la Universidad de Manizales, se centra en tres frentes: investigación científica, educación para el personal médico y vigilancia epidemiológica.

Uno de los primeros trabajos de GRAM fue revisar el perfil de resistencia de siete centros hospitalarios de Manizales de tercer nivel con el apoyo de la Dirección Territorial de Salud de Caldas (DTSC); analizaron 7.602 exámenes de susceptibilidad en urgencias, servicios de hospitalización, consulta externa y cuidado intensivo, con el objetivo de revisar qué tipo de bacterias se encuentran allí y cuál es su nivel de resistencia a antibióticos.

Sebastián Hernández Botero, médico microbiólogo, docente de la Universidad de Manizales y maestrante en Biología Computacional y Bioinformática, explicó que con estos datos han “empezado a ver cómo nuestro perfil de resistencia se parece en algunas cosas a Medellín o Bogotá pero es muy diferente en otros aspectos”, lo que resalta la necesidad de realizar estudios locales para identificar las resistencias y tomar decisiones médicas.

En esta primera investigación, por ejemplo, GRAM encontró que la infección más tratada en todas las instituciones de la ciudad es la de vías urinarias; la Escherichia coli, relacionada con enfermedades gastrointestinales y diarrea, es la bacteria más aislada. 

Otros resultados relevantes destacan la amplia resistencia a algunos tratamientos rutinarios tanto en hospitalización como en urgencias. Es así como la resistencia a cefalosporinas de primera generación, trimetoprim sulfametoxazol y ciprofloxacina (aplicadas en enfermedades como la tuberculisis), oscila entre un 15 y 20 %, siendo este último antibiótico de reserva para algunas infecciones graves. No obstante, se encontró que la resistencia a  la nitrofurantoina y fosfomicina es inferior al 3 %, resultado que puede aportar a los médicos sobre la terapia antibiótica de elección en la infección bacteriana más frecuente en nuestra ciudad.

Esta información “permite a los profesionales de la salud elegir los antibióticos más efectivos para tratar las infecciones más comunes, basados en la evidencia de nuestros datos”, contó Isdruval Arengas Castilla, profesional especializado de la DTSC. Ahora lo que buscan es avanzar en el perfil de resistencia para todo el departamento y construir protocolos y guías para mejorar la eficacia de las decisiones médicas.

Juan David Salazar Ospina, miembro fundador del proyecto por parte de la U. de Caldas, opinó que “con los datos que estamos obteniendo, por primera vez, la ciudad cuenta con análisis propios, porque tradicionalmente trabajamos con datos conjuntos con Bogotá o el resto del país. Nos hemos percatado de las diferencias y, por ende, de las distintas decisiones terapéuticas”.

Tuberculosis

Desde finales del siglo XIX, gracias al trabajo del médico Robert Koch, se encontró que el Mycobacterium tuberculosis, conocido también como bacilo de Koch, es el agente causante de la tuberculosis, que incluso hoy en día le quita la vida a unos dos millones de personas cada año. Durante el 2018, en Caldas se identificaron 264 casos.

Bajo el microscopio, este bacilo se ve alargado como un tubo y su funcionamiento es, por lo menos, curioso. Generalmente, una bacteria se divide en minutos, pero a este bacilo le toma hasta unas 20 horas. Requiere el oxígeno, por eso se conoce como aerobia obligatoria y se siente muy cómoda en la parte alta de los pulmones. Además, cuenta con una pared celular muy resistente, como una cera, lo que dificulta su erradicación; mientras nuestras envolturas naturales en las células tienen unos 20 carbonos, el Mycobacterium tuberculosis cuenta hasta con 90.

Así como la Helibacter Pilory es común en nuestros estómagos, el bacilo de Koch lo es en nuestros pulmones; por un estornudo en un bus se puede infectar un gran número de personas, pero para desarrollarse, la tuberculosis se necesita de otros factores como un sistema inmune débil, diabetes, la vejez, etcétera.

“Un tercio de la humanidad tiene esta enfermedad de forma latente”, comenta el médico Hernández. La tuberculosis y su tratamiento es largo y complejo, con medicación hasta por 24 meses y en ocasiones con drogas intravenosas diarias; esto sin tener en cuenta que la resistencia a los antibióticos va en aumento.

Si los antibióticos no tienen efecto en estos pacientes “y deben tomar cuatro medicamentos y alguno de estos no funciona, empezamos a observar resistencias hasta llegar a tuberculosis multirresistentes” afirma el galeno, esto es cuando incluso los antibióticos de última generación no logran detener a la bacteria. La OMS ha alertado sobre la tuberculosis multirresistente que, según este organismo, le quita la vida a unas 250.000 personas al año, además de la posibilidad de que esta situación aumente con el creciente flujo de inmigrantes provenientes de sistemas de salud ineficientes.

Por todo esto, GRAM adelanta una investigación en la que esperan secuenciar genéticamente aislamientos de tuberculosis de Chinchiná, un pequeño municipio al sur oriente de Caldas que es paso obligado de caficultores, agricultores e inmigrantes, y con una de las tasas más altas de VIH en la zona; según datos de la DTSC, mientras que el promedio de prevalencia en el departamento es del 31,36 por cada 100.000 habitantes, en el municipio mencionado es de 95,94; situación que tiene relación directa con la tuberculosis por el debilitamiento del sistema inmune.

El objetivo de GRAM es secuenciar entre 20 a 40 muestras genéticas para conocer el estado de resistencia del bacilo de Koch en esta región del país, cuál es su origen y, posiblemente, confirmar una posible sepa colombiana para proponer terapias con esta información.

La genética como diagnóstico

Pasar de las técnicas convencionales como la tinción -pintar de colores las bacterias, método desarrollado en 1884- o el cultivo, de unos 20 años después, por la secuenciación genética, genera ventajas como el aumento de la “seguridad para la persona que manipula los cultivos porque ya no tiene que estar en contacto con la bacteria. “Los datos de la secuenciación quedan en un repositorio mundial, y así aportamos conocimiento para empleo actual y en el futuro”, explicó Hernández.

Para combatir las bacterias multi-drogo-resistentes (MDR) es necesario obtener el mayor número de datos posibles y analizarlos; por ejemplo, mientras que en Perú se tienen miles de genomas secuenciados, Colombia apenas cuenta con algunas decenas.

“En un escenario terrorífico, llegan pacientes inmigrantes luego del colapso del sistema de salud de un país, por ejemplo alguien que haya estado en Asia o África y que esté infectado con un linaje foráneo (30 % resistentes de antibióticos); con la secuenciación de ADN puedo saber su procedencia y así tomar una mejor decisión a la hora de escoger un tratamiento, pues si le aplico la terapia base, no lograré ningún efecto”, concluyó Hernández.

En animales

El tema de la resistencia a antibióticos ni empieza ni termina en los humanos. Durante años el ser humano ha utilizado estas moléculas para mejorar la producción de leche, hacer que los vegetales crezcan más rápido e incluso los insecticidas y pesticidas, que terminan en el suelo, modifican la genética de las bacterias, una combinación que puede afectar la salud.

Para entender este tema, GRAM está trabajando con el Centro de Especialistas Mascotas y el Grupo de Investigación de Leche y Epidemiología Veterinaria de la Universidad de Caldas, CLEV, para analizar qué ocurre en el departamento con las bacterias relacionadas con las infecciones en animales de compañía, y la mastitis. En las lecherías se han encontrado dos bacterias que afectan al ser humano y que han aumentado su resistencia a antibióticos, destacó el rector de dicha institución e integrante del grupo, Alejandro Ceballos Márquez.

“En la medicina veterinaria siempre ha existido una preocupación constante porque el consumo cárnico por parte de humanos también puede afectar este problema de resistencia a los antibióticos. Por eso es importante investigar sus efectos cuando se usan de manera indebida o indiscriminada en animales”, concluyó Ceballos Márquez.

La forma ideal de atacar un problema es conocerlo por sus causas; por esto, investigar las relaciones, estructuras y diferencias locales es una necesidad para combatir un problema mundial pero que cambia territorialmente y, al igual que las bacterias, de forma rápida y constante.

*Periodista U. de Manizales. Este artículo fue publicado en la revista de divulgación científica de la Universidad de Manizales, Eureka.

 

Fuente: El Espectador

Vuelve la intensa discusión por el alto precio de los medicamentos contra la hepatitis C

La publicación de los precios de las medicinas genéricas contra esta enfermedad por parte de la Organización Panamericana de la Salud despertó un intenso debate. Organizaciones dicen que si el Minsalud comprara a esos valores podría ahorrarse $4,3 billones.

Pixnio
Entre los medicamentos desarrollados en la última década pocos han sido tan revolucionarios y polémicos como los tratamientos contra la hepatitis C. Desde que salieron al mercado, en 2011, transformaron una enfermedad que, hasta entonces, parecía incurable. Más de 71 millones de personas luchaban contra ese virus que podía desembocar en cirrosis o cáncer en el hígado. Para combatirlo la solución era un coctel de fármacos que se asemejaban a una verdadera tortura de efectividad incierta. “Durante las 24 semanas que duró el proceso, todos los fines de semana quedaba como noqueado con los síntomas de una de esas gripas profundas de las cuales uno piensa que jamás va a levantarse”, escribió alguna vez el expresidente Ernesto Samper, tras padecer los efectos adversos de las medicinas. (Lea Una hormona no autorizada para bajar de peso)

Como Samper, muchos pacientes comprobaron el cambio que significó la llegada de estos tratamientos. Los antivirales de acción directa (AAD), como los llamaron, lograron lo que parecía imposible: curar más del 95 % de las infecciones. Pero su aparición fue también el inicio de una discusión global sobre acceso a medicamentos. ¿La razón? Una de las píldoras esenciales, el Sofosbuvir, de la multinacional Gilead, tuvo un costo inicial de US$1.000. Entonces, el precio del tratamiento en Estados Unidos llegaba a US$84.000. En Francia estuvo cerca de los US$75.000. “La píldora de los US$1.000”, la empezaron a llamar en el mundo farmacéutico. Se trató de un debate que aún no se ha logrado resolver y que ahora tiene un nuevo y tenso capítulo en Colombia.

La discusión la revivió un breve documento de la Organización Panamericana de Salud (OPS) publicada a principios de octubre. En él mostró, por primera vez, los precios de los antivirales genéricos que tiene a su disposición para curar la hepatitis C. “Fue una publicación revolucionaria”, dice Carolina Gómez, investigadora y fundadora del Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder, de la Universidad Nacional. “Es, tal vez, la pieza de información más importante que haya producido la OPS en años”.

A lo que se refiere Gómez, también exdirectora de la Dirección de Medicamentos del Ministerio de Salud, es que, en una “decisión asombrosa”, ese organismo reveló que entre el valor de esos tratamientos y los de marca, ofrecidos por conocidas farmacéuticas, hay una gran brecha. Es una diferencia de precio muy amplia que podría ahorrarle al Gobierno colombiano una buena suma de dinero y, de paso, garantizar que más pacientes accedan a los tratamientos. ¿Por qué? Ante los altos valores de estos medicamentos, desde julio de 2017 el Minsalud optó por comprar los antivirales a la OPS y no a los laboratorios. La ruta es simple: esta entidad los negocia con los laboratorios oferentes a un menor precio y luego los vende a diferentes gobiernos.

(Lea: El disgusto de las farmacéuticas en la pelea por el precio de medicamentos contra la hepatitis C)

Gracias a esas “compras centralizadas”, como las llaman en términos técnicos, el país ha adquirido 2.560 tratamientos que han beneficiado a 1.049 pacientes. La tasa de curación fue superior al 96% y el ahorro, en comparación a lo que hubiese gastado el sistema si le comprara con los medicamentos a Gilead, ha sido de $410 mil millones, una cifra 23 veces superior a lo que gastó el Galatasaray por la compra de Radamel Falcao. En total, Colombia ha pagado $43.230 millones a la OPS.

Sin embargo, la publicación que hizo la OPS hace unos días dejó a más de uno sorprendido. Los miembros del Comité de Veeduría y Cooperación en Salud hicieron los cálculos de lo que podría ahorrarse el Minsalud si comprara los medicamentos genéricos y no el Epclusa (una combinación de Sofosbuvir y Velpatasvir) de Gilead, que es el que ha adquirido en las últimas dos compras centralizadas. Las cifras son contundentes: “Puede generar ahorros por $13’534.350 en cada tratamiento”, advirtió ese grupo del que hacen parte Sergio Isaza, presidente de la Federación Médica Colombiana; monseñor Fabián Marulanda, delegado de la Conferencia Episcolpal, y José Julián López, del Centro de Información de Medicamentos de la U. Nacional.

En otras palabras, dice el Comité, cada tratamiento valdría $438 mil 150 pesos por usuario y no $13 millones 972 mil. Es decir que, en el caso de que haya en el país, como se presume, 325 mil personas con el virus de la hepatitis C, hoy el gobierno para atenderlas a todas con Epclusa debería pagar una suma cercana a $4,5 billones. Pero si comprara los antivirales genéricos el costo sería muy inferior: unos $141.450 millones. El ahorro es evidente: $4,3 billones.

Para lograrlo, piden que el Minsalud reviva un viejo y polémico proceso: que declare estas medicinas como de “interés público” para que, después, otorgue una “licencia obligatoria”. En términos simples, eso quiere decir, impedir que una empresa (Gilead) continúe como única dueña de los derechos exclusivos para explotar comercialmente esos fármacos en Colombia.

Una vieja discusión
El 20 de diciembre de 2017 Franciso Rossi recibió un regalo navideño adelantado. Ese día el Ministerio de Salud, entonces a cargo del hoy rector de la U. de los Andes, Alejandro Gaviria, publicó una resolución con la que abría el proceso para estudiar si había o no razones suficientes para declarar los tratamientos contra la hepatitis C como de interés público. La solicitud la había hecho Rossi como director de la Fundación Ifarma dos años antes, y su paciencia por fin parecía dar frutos.

Aunque él sabía que se enfrentaba a un proceso extenso, dice ahora, no se imaginó que la espera se prolongaría por cuatro años. Ha sido un lapso en el que, tras hacer efectivas las compras centralizadas, la iniciativa quedó engavetada. Sin embargo, la escueta publicación de la OPS obligó al Minsalud a desempolvarla.

(Vea Empieza la batalla por bajar el precio a los medicamentos para la hepatitis C)

Aurelio Mejía, director de Medicamentos del Ministerio, prefiere ser prudente a la hora de hablar sobre este nuevo episodio que se desató con la revelación de los precios de los antivirales. “Estamos evaluando intervenciones de terceros interesados en el proceso. La autoridad competente para hacer esa declaratoria es el Ministerio de Salud con base en las recomendaciones de un comité conformado por el Ministerio de Comercio, el Departamento Nacional de Planeación y nosotros. En eso estamos, hasta el momento”, dice.

Para Carolina Gómez, el camino es claro: el Minsalud debería “remover las barreras de propiedad intelectual” que impiden comprar los medicamentos genéricos”, apuntó en Twitter. “Sería una irresponsabilidad fiscal y un bajo compromiso con el acceso a esos tratamientos no hacerlo”.

Es difícil saber qué camino tomará ahora Colombia. Para otorgar una “licencia obligatoria” para unos medicamentos comprados por un gobierno a la OPS y no a un laboratorio directamente; las rutas no parecen claras. Rossi asegura que se podría usar una figura inusual llamada “de uso público no comercial”. Son intríngulis jurídicos que requerirían otros párrafos más extensos.

(Lea: Hepatitis C, la próxima batalla de precios de medicamentos)

A los ojos de Germán Velásquez, asesor en asuntos de salud del South Centre, una organización con sede en Suiza que asesora a los países en desarrollo, entre otros aspectos, en debates de medicamentos y propiedad intelectual, la manera de resolver esta discusión puede ser más sencilla: “El ministro de Salud, Juan Pablo Uribe, debería enviar una carta a la OPS preguntándole si recomienda el uso de una licencia obligatoria. La OPS, tras la publicación de los precios de los antivirales, debería decirle que sí. Así el Gobierno tendrá un buen argumento para tomar la decisión. Si no jamás lo va a hacer”. ¿Por qué? “Porque tiene una estrecha relación con Estados Unidos y Estados Unidos hará todo lo posible por evitar que en Colombia prospere una licencia obligatoria”.

 

Fuente: El Espectador

Señales de alerta que ponen a palpitar

La enfermedad cardiovascular es la primera causa de mortalidad en el país por encima del cáncer. El médico internista y cardiólogo Sebastián Naranjo Restrepo, de la clínica CES y el Hospital General, indica algunos síntomas que no hay que dejar pasar.

Dolor fuerte u opresivo en el pecho
Puede irradiar a la mandíbula o ambos brazos, dura, diez o veinte minutos. Es frecuente que se presente con el ejercicio y mejora con el reposo. A veces se acompaña de náuseas, vómito y sudoración. Puede tratarse de un infarto agudo de miocardio, entre otros.

Síncope, también conocido como desmayo
Es de corta duración y se presenta con recuperación espontánea de la conciencia, o sea, la persona se levanta normal, sin ningún déficit. Puede indicar arritmia cardíaca, caída de la presión arterial, infarto agudo de miocardio, entre otros eventos.

Disnea (dificultad para respirar)
Se presenta cuando se hace alguna actividad o, incluso, en reposo. El especialista debe descartar que esté asociada a enfermedades pulmonares. Se puede deber a falla cardíaca, arritmias, infarto agudo de miocardio o enfermedades de las válvulas del corazón. Edison Muñoz Ortiz, cardiólogo clínico del Hospital Universitario San Vicente Fundación, precisó que si en la noche se presenta ortopnea (dificultad para respirar cuando la persona está acostada en posición plana), o disnea paroxística nocturna (afección que hace que una persona se despierte repentinamente durante la noche, sintiendo falta de aire), posiblemente es por falla cardíaca o enfermedad coronaria.

Hinchazón en pies, piernas o abdomen
A veces puede indicar falla cardíaca, el especialista debe descartar cirrosis o una enfermedad renal crónica. La acumulación de líquido en las venas se produce porque la sangre circula con más lentitud.

Palpitaciones: se acelera el corazón
Es la sensación de que el corazón va muy rápido o que los latidos se sienten más fuerte de lo normal. Indica arritmias o falla cardíaca.

Disminución de la capacidad funcional
La persona no puede realizar actividades físicas que antes hacía sin problema, por ejemplo, caminar, hacer deporte u oficios domésticos. Posiblemente indica falla cardíaca, arritmias o también enfermedad coronaria.

Alteración en el movimiento del cuerpo
Es la parálisis del cuerpo o de uno de sus lados, acompañado de dificultades en el habla. Es posible que esto se produzca por un ataque cerebrovascular, que es el cese momentáneo del flujo sanguíneo a una parte del cerebro. “La principal causa del ataque cerebrovascular son las arritmias cardíacas, sobre todo, la fibrilación auricular, porque facilita la formación de coágulos que pueden viajar del corazón al cerebro y allí impedir la circulación de la sangre”, explica Diego Alejandro Echeverri Marín, internista y cardiólogo de la Clínica Cardio VID.

 

Fuente: El Colombiano